Esperanza Arias Rodríguez
Entrevistar a Reginaldo Canseco Pérez es escuchar mil y un relatos sobre la historia de Acayucan, basados mayormente en fuentes orales, en testimonios de personas mayores que en su momento fueron testigos de hechos tan importantes como la revolución mexicana, la introducción de la energía eléctrica o Temoyo, su origen y sus leyendas.
De carácter taciturno y gesto serio, Reginaldo es ampliamente conocido por sus aportes a la historia de Acayucan, pero él en sí mismo tiene una historia que nos interesó conocer, y de sus datos biográficos nos cuenta que nació en el barrio Villalta, al lado de la Aquiles Serdán y la 5 de Mayo, en una casa de tejas que tenía un árbol de chicozapote: “ahorita ya es una casa moderna, me llegan de repente los recuerdos de cuando era niño y me llevaban a comprar a la famosa Comiteca, en la calle Ocampo, en una ocasión me compraron un carrito que caminaba con un globo, se me quedó grabada esa imagen porque me lo dieron y allí mismo en la tienda me puse a jugar”.
Sus padres, originarios de Oaxaca, son Altragracia Pérez Domínguez y Manuel Canseco Gaitán. La pareja procreó siete hijos, dos mujeres y cinco varones, ellas se llamaban María y Cristina. De los hermanos Reginaldo fue el menor, nacido en Acayucan “aquí me formé”- refiere-; de sus progenitores relata que fue de su padre de quien heredó la afición por aprender aunque aquel no pudo estudiar más que los dos primeros años: “ se fue de su pueblo natal a La Cañada, al norte de la capital, era un lugar bastante alejado, allí fue a la escuela porque le dijo a su padre que quería aprender, y lo mandó con un maestro que pagaba la comunidad para todos los niños”.
Dice que su padre dibujaba muy bonito:” y a mi también me gusta el dibujo, lo aprecio, me encanta, yo hice algunos, a tal grado que en mi adolescencia, antes de escribir, me habían aceptado en la Escuela de Artes Plásticas, en la Universidad Veracruzana, lo cierto es que era pobre y eso era caro por los materiales: pinceles finos, tela, caballetes, y no podría con esos gastos”.
La vena creativa estaba en él y al no poder pintar, decidió escribir porque también le gustaba escuchar los relatos de la gente mayor y se daba cuenta que muchas cosas que se decían nos siempre eran verdad; narra una anécdota que cuando era muy joven murió una tía, hermana de su mamá, por lo que al ir al panteón los deudos, él puso más atención en la leyenda inscrita en la entrada principal del camposanto: “Descúbrete ¡oh mortal! Tu frente inclina, que el orgullo mundanal aquí termina”. Y no solo eso atrajo su interés, le agradaba caminar por las calles y contemplar las casas de teja, de las que ahora tiene numerosas fotografías, que quedan para el recuerdo porque la gran mayoría de esas construcciones típicas han desaparecido.
Le gustaba todo eso, pero no sabía cómo empezar a escribir sobre la historia de su pueblo, así que su primer trabajo fue en el Diario del Sur, en donde empezó escribiendo comentarios políticos, tenía a la sazón 22 años, allí escuchó una noche en la redacción de l periódico en amena plática a los periodistas Eva López, José Arana Alvarado y Enrique Reyes, hablando sobre los versos inscritos en el panteón, el tema le interesó y se unió a la conversación señalando que tenía deseos de escribir sobre ese tema, le animaron sugiriendo que escribiera “y ya la gente dirá”, pero fue entonces cuando tuvo claridad sobre la manera de abordar el asunto: “con entrevistas a distintas personas, para saber el origen de esa inscripción”. Y así comenzó su recorrido por los distintos barrios en donde hizo entrevistas a la gente de 80, 90 años a fin de saber con exactitud, cuándo y quien había colocado la famosa leyenda. Por cierto que logró su cometido pues pudo confirmar que fueron dos sacerdotes, uno de Acayucan y otro de San Andrès Tuxtla, los autores de la frase inmortalizada en el panteón municipal.
En adelante se adentró en la investigación en fuentes orales para conocer poco a poco de mitos, leyendas, historias reales e inventadas, personajes históricos, hechos trascendentes en el pueblo, que con el tiempo han formado y otorgado identidad a la ciudad y el municipio.
Otro relato que nos hace Regionaldo mientras conversamos en una mesa del restaurante Los Arcos, es sobre los años de la revolución; acerca de este pasaje histórico y cómo sucedió en nuestra región, recogió datos proporcionados por doña Manuela López, quien le platicó que ella nació en 1908 y cuando tenía 8 años, entraban rebeldes como Pedro Carbajal, pero el que más lo hacía era Nicanor Pérez; entonces se armaba el tiroteo que duraba horas, cuando todo se calmaba, Manuela salía con su mamá de su escondite y cruzaban el parque antiguo que tenía su kiosko redondo y sus largas bancas en las orillas; en esa época el lugar estaba rodeado de àrboles de almendro y cuenta ella que miraba a hombres colgados, ella en su inocencia infantil, pensaba que en vez de frutos el almendro daba hombres colgados.
De ese lejano periodo revolucionario también ha recogido testimonios sobre aquellos hombres que llegaban de las rancherìas del municipio o de Soconusco y pueblos aledaños con sus latas para comprar petróleo, pero si eran atrapados por las fuerzas oficialistas los fusilaban al pie del campanario de la iglesia, pues lo acusaban de ser espías de los rebeldes.
Y acerca de los insubordinados, Reginaldo menciona las constantes incursiones al pueblo de Nicanor Pérez,, a quien describe como muy bajo de estatura, vestido siempre de charro, con el pantalón muy ajustado y un sombrero de ala ancha; hay una historia que refiere que cuando le aconsejaron al revolucionario originario de Teodoro A. Dehesa, rendirse, cruzó con su tropa la calle Hidalgo, montado en su caballo, enarbolando una bandera blanca, en camino hacia Coatzacoalcos en donde entregaría las armas.
Los relatos se suceden uno tras otro en la memoria de nuestro historiador local, cuyo mayor mérito es tenerle tanto amor a Acayucan que ha dedicado su vida a recoger trozos aquí y allá de lo que él llama la memoria y el recuerdo de un pueblo.
Reginaldo colaboró en el libro Acayucan Cuna de la Revolución Tomo II Cultura y Tradiciòn Oral, en diferentes revistas culturales y tiene concluido el libro Temoyo y otros milagros a flor de tierra, cuya impresión no ha podido realizar por falta de recursos económicos, ojalà pronto logre ver la luz esta recopilación de siete relatos , leyendas, mitos y aventuras, en torno a nuestro Acayucan querido. Ojalá la vida y la historia en algún momento le hagan justicia a Reginaldo Canseco Pérez que le ha dado mucho a la ciudad y poco o nada ha recibido a cambio.
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